En el nombre del Mal (Parte 1)
(o de cómo siempre es bueno tener a quién echarle la culpa)
Un día, el diablo vino a la Tierra. Un día, el diablo vino a la tierra para supervisar sus intereses, vio todo, oyó todo y, después de haberlo visto todo y de haberlo oído todo, retornó a su casa… allá abajo. Y allá se había organizado un gran banquete; al final del banquete, el Diablo se levantó y pronunció un discurso. Y, en resumen, dijo: hay siempre y por todas partes fuegos iluminando la tierra (Está todo bien…) Los hombres se divierten como locos en el peligroso juego de la guerra… (Está todo bien…)
Los trenes descarrilan con estrépito porque los jóvenes llenos de ideales ponen bombas en las vías… eso provoca muertos singulares. Eso provoca muertos sin confesión. Confesiones sin perdón (Está todo bien…) Nada se vende pero todo se compra, el honor y hasta la santidad (Está todo bien…) Los estados se esconden en Sociedades Anónimas (Está todo bien…) Los grandes se disputan los dólares venidos del país de los pequeños. Europa repite El Avaro en un decorado de mil novecientos. Produce muertes por inanición y la inanición de las Naciones (Está todo bien…) Los hombres vieron tanto que sus ojos se volvieron grises (Está todo bien…) Y no se canta más en las calles de París (Está todo bien…) Se trata a los buenos de locos y a los poetas de tontos, pero en todos los diarios todos los ” sucios” tienen sus fotos. Eso hace mal a la gente honesta y reír a los deshonestos (Está todo bien).
El diablo, Jacques Brel
El Ángel Caído, el Tenebroso, el Maligno, Ángel Negro, Príncipe de las Tinieblas, Espíritu del Mal, Hijo de la Noche, la Bestia… el Dios de este siglo. ¿Es el Diablo, Príncipe de este mundo, la causa de nuestros males? ¿O será, quizás, que los hombres necesitamos localizar el mal, categorizarlo, objetivarlo? Al dar un nombre damos existencia. De hecho, el Diablo no existió siempre, lo fabricó el hombre por necesidad, para justificar las miserias humanas. Culpar a las “fuerzas oscuras” de los males de este mundo es, cuanto menos, más elegante que reconocer la propia bajeza.
Según Rosenfield, “el pensamiento parece no estar preparado para explicar, como una forma mala, hasta maligna, la acción y la realidad humana“. El Mal parecería quedar fuera del pensamiento lógico, es “irracional“, y sólo puede plantearse como “un caso límite del pensar, en la medida en que pretende significar una experiencia límite del hombre“. Se buscan sus causas fuera del ser humano, transformándolo en un simple fenómeno, un concepto práctico que pueda ser racionalizable y, de esta forma, quedar incorporado al actuar humano. “No se conjura al mal expulsándolo de nuestro universo de pensamiento“, dice Rosenfield. Y Baudrillard: “En una sociedad donde ya no existe ninguna posibilidad de nombrar el Mal, éste se ha metamorfoseado en todas las formas virales y terroristas que nos obsesionan“.
En el principio, no era el diablo
El sol, ciertos animales, el hombre, la mujer… el sentimiento religioso del hombre de Cromagnon parece enteramente dirigido a celebrar la vida; sus ritos son ritos vitales. Ni Bien, ni Mal, sólo la naturaleza alrededor del hombre, envolvente. He ahí el comienzo de las religiones del mundo, el origen de las creencias que se desarrollarán a través de los siglos.
En las islas del pacífico, reina un Dios padre, Dios creador, pero no hay nada parecido a una figura opuesta, una contrapartida del Gran Dios. Las divinidades menores, habitualmente malévolas, no representan al mal. En Nueva Guinea, por ejemplo, son culpables de las enfermedades. Se responsabiliza de ellas a las brujas del aire y los tokway, genios nocivos. Son combatidos por los hechiceros, a través de ritos mágicos, que se realizan utilizando plantas y substancias desconocidas. Para los habitantes de las islas Trobriand, el Mal anida en criaturas invisibles, que actúan utilizando seres humanos relacionados con ellas. Y los yami, pueblo malayo-polinesio, creen en el anito, espíritu de los muertos: el Mal es para ellos la supervivencia de la malicia humana. Según los naga, del sudeste asiático, hay muchas clases de males y cada una tiene su causa, todas evitables: se puede negociar con el mal.
En líneas generales, las religiones del Pacífico se componen de un sistema de creencias en la que nada es bueno o malo en sí mismo, ni siquiera los dioses. Sucede lo mismo en éste, nuestro tiempo. Pero, como dice Baudrillard, no por defecto, (como en las religiones primitivas en las que el Mal no existía), sino por exceso: “La carencia jamás es dramática, los fatal es la saturación: crea al mismo tiempo una situación de tetanización y de inercia” (1). Los excesos conducen a la expulsión: “No somos nosotros quienes hemos terminado con el valor de uso, es el propio sistema el que lo ha liquidado con la superproducción” (1). O, en otras palabras: “(…) ahora se “expulsa” la suciedad, no se la destruye” (2)
El vedismo fue introducido en la India unos 1500 años antes de Cristo y suplantó a otras religiones más antiguas. El esquema védico ya es dualista: dioses y contradioses, ser y no ser, creación y caos. Antagonismos necesarios: cada principio debe la existencia a su contrario. Son simplemente contrapoderes: ni Dios único, ni Diablo único, sino fuerzas opuestas. Hacia el final del período védico, cuando aparecen los Upanishads, el panorama ha cambiado: si el Brahman es la única verdad (el Ser invariable y permanente, la felicidad suprema, la explicación última del Universo), entonces, el dualismo es imposible: la felicidad no puede incluir al Mal. No más demonios, ni diablos, ni dioses, sólo máscaras: “Y se echó de ver que éstas no eran sino rostros artificiales, inventados por el hombre y colgados sobre lo incognoscible” (3).
En el período inmediato posterior al vedismo, surgen tres sistemas de pensamiento. Para el lokayata o materialismo sólo puede conocerse lo material a través de la percepción, única fuente de conocimiento. La divinidad es un mito fundado por la ignorancia y el mundo se ha creado a sí mismo. El jainismo, la doctrina de los puntos de vista o naya, relativiza todo el conocimiento, nada puede negarse o afirmarse. Para el jainismo, que todavía se practica en la India, no hay dioses ni diablos. En el tercer sistema, el budista, aparece el antecedente más claro del Diablo judeo-cristiano: el Mal existe no como proyección del espíritu del hombre, sino en la figura de Mara, personificación de la muerte. El “infierno” resulta un lugar de tránsito para las almas imperfectas. No se encuentran infiernos externos porque el Mal no lo es. Para el Brahmanismo, en el Bien ni el Mal absolutos son accesibles a los mortales, pero están prefigurados en el buen o mal cumplimiento de los ritos. La transgresión ritual es castigada incluso con la muerte. “En el terreno religioso, la mala acción incluye, de cierta manera, tres momentos: la transgresión de un mandamiento, la lesión de un vínculo personal y el sentimiento de pecado resultante de ello” (4)
En China, alrededor del 1028, aparece la dinastía Cheu, en la que el emperador se autodenomina “delegado del cielo”, de donde recibe las leyes que aplica. Se atribuye entonces el derecho de decidir sobre el Bien y el Mal: “Pues original es la ley de Dios, cuanto que es ley que engloba a todas las leyes” (4). Uno de los más antiguos antecedentes de una ética inspirada en la religión. El Mal absoluto era todo aquello que contravenía las leyes dictadas por el rey, y sólo él, con su poder divino, podía contrarrestarlo. Se devela, por otra parte, la antigüedad del proceso de apropiación por parte del poder, dando del Mal cuanto del Bien. “La facultad práctica que tiene la voluntad de darse reglas es una facultad que no se ejerce solamente en el terreno de una actividad racional, en un proceso de pensamiento, sino que se manifiesta igualmente como poder político, a través del cual una sociedad se da reglas que van a regir la viga social y política (…) Dicho de otro modo, las reglas políticas estaban afirmadas como provenientes de un pasado inmemorial que les concedía legitimidad (…) Las formas de la representación política no eran en tal caso otra cosa que la traducción, en el terreno político, de esta jerarquización social (…)” (4).
El taoísmo, imperante en el siglo III a.C. constituía un sistema de interpretación del mundo, basado en fuerzas antagónicas: Ying y Yang, femenino y masculino. Fuerzas opuestas, pero complementarias. El Mal no existe, sólo el desorden.
¿Y donde está el Diablo?
Hacia el año 728 a.C., aparece, en Irán, el reino meda, uno de los más extensos que se haya conocido en la historia. Abarcaba desde Libia hasta la india, desde el Mar Negro hasta el Caspio, desde el Aral hasta Etiopía. Practicaban el politeísmo védico. Creían en divinidades superiores e inferiores (todas ellas regidas por los dioses principales, Ahura Mazda y Mitra), y en el equilibrio entre el Bien y el Mal, que deberá desaparecer con la victoria definitiva del Bien en un porvenir hipotético. El tema central de la religión irania rondaba la salvación, individual y colectiva.
La (pero), hacía el año 628 nace Zarathustra o Zarthosht. Mucho más que un reformador, funda el primer monoteísmo. El zoroastrismo evolucionó, absorbiendo los rasgos de la religión politeísta en la cual se basó. Sólo en los últimos Gatha, aparece la reforma definitiva. Queda un solo Dios, Ahura Mazda, creador del cielo y de la tierra, de lo material y lo espiritual, inventor de la ley moral. Se rodea de siete Inmortales: el Espíritu santo, identificado con el fuego, la Rectitud de pensamiento, la Justicia, la Devoción, en el Dominio deseable (el Reino venidero), la Plenitud y la Inmortalidad. Los Gatha enseñan que, en el principio, hubo dos espíritus dotados de la libertad de elegir. Ahura Mazda eligió el bien y devino el “Dios sabio”. Ahriman eligió el mal y resultó el Dios malvado, el Mal Espíritu; sus discípulos devinieron en los “seguidores de la mentira”. Ambos dioses van a entablar una lucha sin cuartel. Por primera vez, en la historia de las revisiones, aparece un dios específico del Mal. Por primera vez “el Bien y el Mal eran proclamados como principios trascendentes” (3).
Surge, en este punto, la pregunta: ¿cuál fue la finalidad de Zoroastro con esta reforma? No hay acuerdo entre los historiadores sobre esto, pero sí en lo respectivo a las consecuencias que tuvo: se cimentó el poder de los magos, no sólo el espiritual, sino también en lo político, sobre la voluntad del pueblo: el clero era el administrador terrenal del Bien y el Mal, pilares de la religión de Zoroastro, que se dirigía a los individuos en tanto tales, no como ciudadano imperio. Predicaba la salvación del alma, en un tiempo no sometido a los poderes temporales. Fue la primera religión espiritualista de la historia.
“Satanás nació en Irán, hacia el siglo VI antes de nuestra era, y los magos fueron los padrinos de su bautismo, por decirlo así. Y fue un invento político” (3).
Curiosamente, en el siglo XX, las fuerzas políticas occidentales hacen renacer a “Satanás” en Irán, en la figura de Khomeini.* Baudrillard analiza el caso Rushdie (“Versos satánicos”), y el poder simbólico que tuvo su sentencia a pena de muerte. “El poder del anatema, la fuerza de nombrar al mal”, dice, “se nos ha escapado. Pero resurge en otra parte (…) el ayatollah dispone de una sola arma, inmaterial, pero que no está lejos de ser el arma absoluta: el principio del Mal” (1). Con un solo gesto, Khomeini niega todos los “valores occidentales”. El progreso, la democracia, la moral, la racionalidad, los derechos del hombre. “Y además, en nombre de los derechos del hombre, acabamos por tratar al Ayatollah de “Mal Absoluto” (Miterrand) (…) en contradicción con la reglas de un discurso ilustrado” (1).
Continúa en Parte 2
*En el siglo XXI, podemos reemplazar por Saddam Husein. Sugiero al lector hacer el reemplazo cada vez que encuentre las palabras Khomeini, Ayatollah, etc. Tenga en cuenta el lector que el ensayo fue escrito antes de la invasión a Iraq.
(1) La transparencia del mal, Jean Baudrillard. Editorial Anagrama, 1997.
(2) Mitologías, Roland Barthes. Siglo Veintiuno Editores, 1994.
(3) El Diablo, Gerard Messadié. Editorial Martínez Roca, 1994.
(4) Del Mal, Denis Rosenfield. Ediciones F.C.E., 1993